Cómo transformar un sobre de gelatina en un helado de fresa
- Raciones 6 personas
- Calorías ~ 142 kcal
- Categoría Verano
- Cocina Española
- Actualizado
- Autor Rubén al Dente
¿Qué hacer para que el helado no se cristalice?
El gran enemigo de un helado casero es el agua de la mezcla, porque cuando se congela sin control se forman esos pedacitos de hielo tan molestos que estropean la textura. Para evitar esto y conseguir que quede súper cremoso, el primer secreto está en los ingredientes: cosas como el azúcar o la grasa de la leche y el yogur griego hacen de anticongelantes caseros, así que ayudan un montón a que el agua no se junte y el postre no se vuelva un bloque duro.
El otro paso clave si no tienes una heladera profesional en casa es romper esos cristales de forma manual. Para hacerlo bien, hay que meter la mezcla al congelador y, a las dos o tres horas, cuando veas que se empieza a endurecer por los bordes, sacarla y batirla bien con unas varillas eléctricas para romper el hielo que se está formando y meterle aire. Además, conviene tapar el recipiente con papel film pegado directamente a la superficie del helado para que el frío no le cree escarcha por encima.
Vídeo receta paso a paso
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Ingredientes necesarios
- 85 g de gelatina de fresa
- 250 ml de agua caliente
- 250 ml de leche fría
- 90 g de azúcar
- 125 g de yogur griego natural
Preparación de la receta
Prepara la mezcla base de gelatina
En un bol amplio y cómodo, echa los 85 g de gelatina de fresa. Este formato suele equivaler a un sobre de los que venden en cualquier supermercado, pero si prefieres otro sabor como limón, piña o naranja no hay ningún problema porque la receta sale igual de bien. A continuación, vierte los 250 ml de agua caliente y remueve con un batidor manual de forma constante hasta que compruebes que el polvo está completamente disuelto y no quedan grumos en el fondo. Justo después, añade los 250 ml de leche fría, los 90 g de azúcar y los 125 g de yogur griego natural. Sigue mezclando todo con un poco más de energía hasta que consigas una base totalmente homogénea y con un bonito color rosa.
Mételo al congelador un par de horas
Tapa el bol con un trozo de papel film transparente para protegerlo bien y mételo al congelador durante unas 2 o 3 horas. El objetivo principal de este paso no es congelarlo del todo, sino conseguir que la base empiece a tomar cuerpo. Vas a tener que fijarte sobre todo por la zona de los bordes del recipiente, que es por donde siempre empieza a endurecerse primero. Ve echándole un ojo de vez en cuando y, en cuanto veas que tiene esa textura pastosa y semicongelada, sabrás que es el momento exacto para sacarlo.
Bate la mezcla con unas varillas eléctricas
Saca el bol del frío y, con la ayuda de una lengua de cocina o espátula, raspa bien los bordes para romper y despegar ligeramente la gelatina que se haya quedado más agarrada. Una vez hecho esto, enchufa tu máquina de varillas eléctricas y empieza a batir a potencia media-alta durante 10 minutos más o menos, sin prisa pero sin pausa. A medida que pasen los minutos, vas a ver cómo la magia se hace realidad, la mezcla dobla su volumen por completo, se llena de burbujas de aire y adquiere esa textura clave súper cremosa y con un tono rosa chicle que evitará los cristales de hielo.
Vuelve a meterlo en el congelador unas 6 horas más
Para terminar, pasa toda esa crema esponjosa al recipiente final donde vayas a guardarlo, un táper de cristal o de plástico de los de toda la vida que tengas por la cocina te sirve perfectamente para esto. Colócale la tapa bien ajustada y vuelve a meter el helado en el congelador, pero esta vez déjalo dentro durante un mínimo de 6 horas, o incluso de un día para otro, para que termine de asentarse y adquiera la consistencia perfecta para hacer bolas.