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Cómo enfriar una cerveza en 5 minutos de reloj con hielo y sal

Dificultad Fácil
Valoración Sin votos
Tiempo total
Preparación
  • Raciones 1 personas
  • Calorías ~ 140 kcal
  • Categoría Verano
  • Cocina Internacional
  • Actualizado
  • Autor Rubén al Dente
Cómo enfriar una cerveza

¿Por qué el hielo y la sal enfrían la cerveza tan rápido?

Aunque parezca un truco de magia, la explicación es bastante sencilla. Si pones hielo en un vaso con agua, esa mezcla se queda estancada a una temperatura fija de 0 °C. Da igual que en tu cocina haga calor; el hielo usará todo ese calor del ambiente solo para ir derritiéndose poco a poco, manteniendo el agua a cero grados. El problema es que a esa temperatura la cerveza tarda una eternidad en enfriarse. Y ahí es donde entra la sal.

Al añadir sal común sobre el hielo, rompemos ese equilibrio y obligamos al hielo a derretirse a marchas forzadas. Para poder deshacerse tan rápido, el hielo necesita "robar" calor de forma desesperada, y lo más cercano que tiene es tu lata. Básicamente, la sal hace que el hielo le absorba todo el calor a la cerveza a una velocidad increíble.

El toque final lo da el movimiento: al girar la lata sin parar durante esos 5 minutos, haces que todo el líquido de dentro se mueva y toque continuamente las paredes frías del aluminio. Así, entre la sal que acelera el proceso y el giro constante, consigues un intercambio térmico tan rápido que la bebida se enfría en tiempo récord.

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Ingredientes necesarios

  • 8 hielos
  • 2 cdas de sal

Preparación de la receta

  1. Añade hielo y sal en un recipiente

    Para empezar, consigue un recipiente que tengas por la cocina. Un bol mediano o una ensaladera de toda la vida sirven perfectamente para esto. En mi caso, yo voy a utilizar un tupper de cristal que tengo a mano, que además me permite ver bien cómo va todo el proceso. Llénalo con una buena cantidad de cubitos de hielo (cuantos más pongas y más grandes, mejor que mejor). A continuación, añade un buen puñado de sal común por encima de todos los hielos. No te cortes con la cantidad; la sal es el verdadero motor que va a activar la reacción química para que la temperatura caiga en picado.

  2. Gira la cerveza sin parar

    Coloca la lata tumbada dentro del recipiente en contacto directo con el hielo y la sal. Agárrala y gírala sobre sí misma durante 5 minutos sin parar. No hace falta que vayas a cámara rápida como si te fuera la vida en ello, ni que estés mirando el segundero del reloj obsesionado; simplemente hazlo a una velocidad en la que te sientas cómodo y que sea constante. De hecho, poco a poco notarás en tu propia mano cómo cambia la temperatura porque, como comentábamos antes, al rotarla continuamente obligas a que toda la bebida del interior se mueva en círculos y toque las paredes de metal helado, acelerando el enfriamiento de golpe para conseguir esa cerveza fresquita que te va a salvar la tarde.

Por cierto, aunque aquí hayamos hablado de cerveza todo el tiempo, imagino que no hace falta decir que este método funciona a las mil maravillas con cualquier otra bebida que venga en lata. Da exactamente igual que sea una Coca-Cola, un refresco de naranja o una bebida energética. El truco del hielo y la sal no discrimina a nadie.

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